Cómo estructurar el criadero: 2. Criar por semejanza

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        Seguimos con las formas de estructurar el criadero.

      • #627
        Rafael Cortázar
        Moderador

          Cómo estructurar un criadero. “Cría por semejanza” (2)

          Uno de los motivos que me ha llevado a tratar el tema de cómo conformar un criadero ha sido mi gran extrañeza al comprobar que, año tras año, infinidad de criadores se afanan por conseguir en los concursos a los que asisten canarios campeones, comprados o cedidos, y si no los consiguen se conforman con un hermano o hermana, o en última instancia con cualquier ejemplar del criador campeón.

          En un criador que empieza, digamos que hasta cierto punto tiene una explicación. Cuando yo empezaba, nadie supo o quiso decirme cuál era el camino que debería plantearme para obtener buenos resultados. Pero, como siempre procuro saber el porqué de las cosas, he podido ir viendo distintas formas de actuar en diferentes criaderos que podrían servir de orientación a los nuevos aficionados.

          Algo sencillito sobre genética
          Cualquier ejemplar —sus funciones orgánicas, su canto, su carácter, sus vicios, sus bondades, etc.—, englobadas todas ellas en lo que conocemos como fenotipo y genotipo, no son fruto de la casualidad ni del azar; todo este bagaje se lo debe a sus progenitores.

          ¿Cómo se explica esto? Nuestro ejemplar empieza a existir cuando una célula reproductora procedente del macho (espermatozoide) se encuentra con otra célula reproductora de la hembra (óvulo), llevándose a buen término la unión entre ambas. Empieza la multiplicación celular y el nuevo canario ya tiene sus caracteres propios, fruto de la unión de esas dos células llamadas gametos.

          Cualquier ser vivo está compuesto por miles, millones de células. Pero anteriormente me he referido a las “células reproductoras” porque existe una diferencia importante que las distingue de las demás.

          Las células de un canario contienen un número constante de cromosomas (localizados en su núcleo), pero las llamadas células reproductoras o gametos (óvulo y espermatozoide) solo tienen la mitad de la constitución genética del animal. Al fecundarse el óvulo, la célula resultante de esta unión poseerá la suma de cromosomas de ambos progenitores, es decir, el número normal de cromosomas, como el resto de las otras células.

          Cada progenitor ha aportado a su prole la mitad de su dotación cromosómica: la mitad del padre y la mitad de la madre, formando pares.

          Esta explicación dada por los científicos nos asegura que el nuevo ejemplar ya tiene la mitad de caracteres heredados del padre y la otra mitad heredados de la madre.

          Pero en ese mismo momento también ha empezado la influencia del criador sobre las características de ese nuevo animal, pudiendo llegar hasta el extremo de distorsionar la verdadera herencia recibida de sus padres.

          Los óvulos, a medida que van madurando en el cuerpo de la madre, se proveen de materias nutritivas suministradas por la sangre y que darán lugar posteriormente a la yema (30 % del peso total del huevo), que cumple una función importante de nutrición para el desarrollo del embrión. La clara (60 % del peso del huevo) cumple funciones de protección y alimentación.

          Se puede entender fácilmente que ejemplares de muy buena calidad genética, en manos de un criador, proporcionen distintos resultados a los que darían en manos de otros criadores con más tiempo de rodaje. Es normal, no es para desesperarse. La receta es aprender más y más sobre la cría del canario; eso repercutirá en el resultado final: el “canto”.

          El canario muy mal podrá desarrollar lo que ha recibido de sus padres si ya desde sus primeros días de vida en el huevo está recibiendo una mala alimentación de sus progenitores, dependientes estos del criador. Un criadero con ejemplares de mucha calidad, simplemente con cambiarles la alimentación, verá modificadas sus características a mejor o a peor; o esos mismos ejemplares, llevándolos a otro criadero con distintas variables medioambientales y de manejo, nos sorprenderían con los cambios.

          Esto lo pongo en consideración para tenerlo en cuenta y presente. No es solo la genética propia de los canarios la que manda. El método de cría debe empezar por fijar unas pautas de trabajo que no se deberían cambiar todos los años de forma aleatoria; al menos se deben mantener unos años (tres o cuatro) en cuanto a la alimentación, manejo, voladeras, muda, medioambiente, etc., eliminando en lo posible las variables que con seguridad van a influir en la cría y, por supuesto, en el resultado final.

          Si cada año cambiamos, por ejemplo, sobre todo la alimentación, nos estaremos perdiendo. Estaremos modificando sin saberlo el potencial de nuestros ejemplares.

          Ya comenté en el escrito anterior, refiriéndome a las características que nos presenta cada ejemplar, que los responsables de las mismas son sus genes, localizados en los cromosomas, en el núcleo de sus células.

          Otras características también pueden ser consecuencia de la interacción de distintos genes entre sí y, a su vez, con otras funciones fisiológicas del organismo; eso es algo que está fuera de nuestro alcance y difícilmente podemos actuar en ese proceso.

          El tema es complejo, pero si analizamos de forma práctica algunos tipos de genes que se nos presentan y utilizamos algunas herramientas en sus distintas versiones (la consanguinidad), sin pretender descubrir nada nuevo, podremos construir nosotros mismos una estructura genética que soportará el proyecto de nuestro criadero.

          De forma sencilla, algunos tipos de genes que podríamos denominar: dominantes, recesivos, codominantes y ligados al sexo. En un criadero que lleve ya años seleccionando y trabajando la genética se dará el caso de que conseguirá una cierta homocigosis con respecto a características seleccionadas y se alcanzará el llamado atavismo.

          Ejemplos para entender los diferentes genes mencionados
          Genes dominantes
          Un criador es forofo, le gusta mucho el Holl largo en sus canarios. Basándose en la modalidad de cría por semejanza, no pone a criar nunca un canario que emita el Holl corto. Siempre usa machos con la característica que a él le gusta, y las hembras serán hermanas, madres e hijas de machos con Holl largo.

          Pasados unos cuatro años con ese método de actuación, en su criadero empezarán a nacer un tanto por ciento muy elevado de ejemplares con una característica (Holl largo) como consecuencia de un gen acumulado en el transcurso de los años, que se ha vuelto dominante por la aportación continua que han ido haciendo todos los ejemplares utilizados en la cría. Gen dominante con relación a la característica Holl largo.

          Genes recesivos
          Veamos otro ejemplo. Este mismo criador, enamorado del Holl largo, quiere potenciar en su criadero una nota que escasea, por ejemplo la flauta.

          Incorpora de otro criadero un macho adulto, de al menos tres años; tendremos mayor garantía de que su canto es el que lleva dentro en su bagaje genético, con pocas influencias externas. Además, por su árbol genealógico tiene una cierta homocigosis con respecto a la característica que se busca; de hecho, es un giro que predomina en todos los ejemplares de ese criadero: la flauta. Pero, amigos, tiene buenas flautas, pero el Holl que lleva en sus genes este ejemplar es corto.

          Lo pone a criar, naturalmente con una hembra joven de su criadero, homocigótica con respecto a la característica de Holl largo, sus genes dominantes.

          Obtendrá ejemplares en función de la puesta en la que hayan nacido. Predominará el Holl largo en la primera puesta; algún ejemplar con Holl corto y flautas en la segunda puesta; y será en la tercera puesta donde obtendrá el mejor abanico de resultados.

          Naturalmente, el hecho de que no aflore la característica que buscamos no quiere decir que no esté en el bagaje genético de los nuevos ejemplares. Lo que ocurre es que están en la modalidad de genes recesivos. Están, pero no afloran; no se escuchan las nuevas flautas, son de momento un carácter recesivo, igual que el Holl corto del nuevo ejemplar que se ha introducido en el criadero y que, aunque no se oiga, ya está en el bagaje genético de los nuevos ejemplares. Importante el buen oído y la selección en este primer paso para introducir algo distinto en el criadero.

          Se debe anotar en la ficha de los nuevos ejemplares que tienen genes recesivos de las nuevas flautas y del Holl corto.

          Para lograr que se oiga en años sucesivos en el criadero el giro que se pretende incorporar, habrá que volver a introducir ejemplares del mismo criadero que ya tiene cierta homocigosis en flautas (bajo ningún concepto de otro; estaríamos creando la “bruja dispersión”). Se irán sumando ejemplares cada año para conseguir que esos genes recesivos se vayan haciendo más presentes y, de esa forma, se hagan dominantes.

          Naturalmente, ese proceso no se hace de forma aleatoria ni de cualquier manera. Se siguen unas pautas a la hora de hacer las parejas y a la hora de seleccionar los nuevos ejemplares en función de las puestas; lo iremos viendo. Con respecto al Holl corto, que sigue estando en forma de gen recesivo, hay que actuar con selección estricta y rechazar al ejemplar que no se ajuste.

          Con una continua selección conseguiremos, pues, lograr que el Holl largo del criadero y la flauta añadida lleguen a ser genes codominantes, que nos asegurarán ambas características.

          Hasta aquí creo que es suficiente como un primer contacto con la genética y para hacernos una idea de lo importante que es establecer una forma de trabajo, adaptada a cada criador pero siempre con unas pautas directrices.

          Buscamos el llamado atavismo, que en realidad es una buena homocigosis con respecto a ciertas características en nuestro criadero. Se tardan años, muchos años, pero nunca es tarde para empezar. Lo iremos viendo.

          En la modalidad de cría por semejanza, lo que estamos haciendo es aplicar la ley de uniformidad. Para conseguirlo se debe utilizar el principio ya mencionado anteriormente: la selección.

          En el escrito primero les comentaba sobre seleccionar los ejemplares machos cuando están enjaulados, ya camino de madurar su canto, sobre los 200 días de vida, aproximadamente a los siete meses. Buscábamos que fuesen lo más parecidos posibles en calidad de voces, forma de emitir y carácter del animal. Hay que tener presente que para seleccionar ejemplares debemos esperar al menos a que cierren el canto, esperar a que maduren y no precipitarse.

          Por poner un ejemplo, y en función del nivel de exigencia, yo no utilizo los machitos jóvenes para criar hasta que los enjaulo al año siguiente y los oigo de nuevo. Comparo las anotaciones del primer año y compruebo si realmente el canto que están emitiendo corresponde a la genética que veo en su árbol genealógico. Tengo que ver la parte del árbol que me está cantando para poder aprovechar su potencial genético, según interese y en función de las hembras de que disponga que se puedan adaptar a esa genética.

          Naturalmente, esta forma de actuar no es una norma a seguir. No todos los criadores pueden o quieren tener a los jóvenes un año en blanco sin hacer nada, pero eso no quita para que se tenga muy presente el hecho de que el canto en un ejemplar joven está muy influenciado, más aún en animales heterocigóticos, fruto de cruces aleatorios sin control genético, influenciados por tantas variables como hay en un criadero.

          En el segundo año se asemejará más a su genética, pero después de la muda habrá que tener cuidado con qué compañías se le pone. El canto al que debemos darle más validez es el que nos va a proporcionar cuando ya tenga cumplidos los tres años. Esa es su genética.

          Esto no quiere decir que no se puedan utilizar los jóvenes en la cría de su primer año de vida, pero sí se tiene que tener presente que es una variable más que introducimos en la ecuación. Nos estaríamos dejando llevar por un canto que no es fiable al 100 %, a no ser que fuera un ejemplar homocigótico de una estirpe ya consolidada. Pero doy por sentado que, por lo general, en los criaderos se trabaja mucho con ejemplares de cierta heterocigosis, procedentes de distintos criaderos.

          En esta modalidad de cría por semejanza seleccionamos los más iguales, los más parecidos. Si son semejantes, podemos pensar que los genes responsables de esas características son homogéneos, y lo que vamos a intentar es fijar esos caracteres que nos gustan, o lo que es lo mismo, hacer genes dominantes en nuestro criadero con respecto a ellos. Pero eso no quiere decir que habrá homocigosis a nivel genético y a la hora de transmitir; semejanza no es lo mismo que homocigosis.

          La homocigosis se conseguirá con el tiempo, una continua selección y, al mismo tiempo, incorporando la utilización de la consanguinidad controlada. En cuatro escritos más adelante empezaremos a ver cómo se hace en la práctica del criadero.

          En el escrito siguiente, nº 9, veremos otra forma de estructurar.

        • #628
          Rafael Cortázar
          Moderador

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